A cada uno le gustan un tipo de
historias. De fantasía, de amor, de terror, históricas, de ciencia-ficción, de
aventuras. También hay a quien no le gusta ninguna. Y sin embargo, hay una
serie de historias que todos conocemos. Nos las han contado, las hemos leído,
hemos visto películas, versiones, parodias. De cualquier manera, han llegado a
nosotros. Nadie se escapa de los cuentos.
Los cuentos han sido, para
muchos, el inicio del gusto por la lectura desde niños. Y sólo por eso ya se
merecen un puesto importante en la historia de la literatura. Me refiero,
claro, a los cuentos tradicionales,
“de hadas”, como se les suele llamar. Son universales. Seguro que cualquiera de
vosotros puede nombrar 9 o 10 sin tener que pensar demasiado.
Conocemos la mayoría de esos
cuentos gracias a unos pocos autores. Los
hermanos Grimm, Charles Perrault y Hans Christian Andersen son los más
conocidos. Pero es muy importante aclarar que, especialmente Perrault y los
Grimm, no eran escritores de cuentos. Eran recopiladores,
es decir, recogían cuentos populares, que se transmitían de boca en boca, y los
publicaban en forma de libro. Desde hace años, Disney ha convertido esos
cuentos en películas infantiles de gran éxito.
Jacob y Wilhem Grimm. Adorables, ¿verdad? (Fuente)
