A todo el mundo le fascina el
antiguo Egipto. Es misterioso, exótico, sus monumentos son impresionantes.
Napoleón no fue una excepción. Aunque escondía intenciones más prácticas,
gracias a él (más o menos) pudimos descubrir muchas cosas hasta entonces
desconocidas sobre el país de los faraones. Sin ir más lejos, su misteriosa
escritura. Los jeroglíficos, esos dibujitos grabados en las paredes de los
obeliscos en los que hay pájaros, hombrecitos, soles…
Vamos a aclarar las cosas. La
escritura de los egipcios es más compleja de lo que parece (y ya parece la
leche de compleja). En realidad, hay tres tipos de escritura: los jeroglíficos
propiamente dichos; la escritura hierática, que era una forma abreviada de la
jeroglífica usada para textos religiosos; y la demótica, que a su vez
simplifica la hierática, y se utilizaba sobre todo para asuntos cotidianos.
Pajaritos, hombrecitos, barquitas... (Fuente)
