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viernes, 4 de noviembre de 2016

La noche que nació Frankenstein

Sin duda, era el momento y el lugar. Aquella noche, en algún momento entre el 15 y el 20 de julio de 1816, los astros estaban alineados para que la literatura de terror sufriera una sacudida histórica. El contexto histórico, el lugar y los protagonistas eran los adecuados. Y la influencia que tuvo en la literatura y en la cultura popular posterior es, simplemente, gigantesca. Y es que, ¿quién no conoce al monstruo creado con trozos de cadáveres? ¿Al doctor gritando: ¡Está vivo!, ¡está vivo!? Todo el mundo conoce la historia, ha visto películas, incluso parodias. Cientos de obras modernas se inspiran en Frankenstein.

Vamos por partes. ¿Cuál era el contexto histórico? Estamos en 1816. Las guerras napoleónicas han dejado Europa devastada. Pero si por algo se recuerda este año es por ser el Año Sin Verano. Al parecer, la descomunal erupción del volcán Tambora, en Indonesia, sumada a un descenso de la actividad solar, provocaron que el verano en el hemisferio norte fuera frío, lluvioso y desapacible. Y si a eso le sumamos que la historia sucede en Suiza, hay que añadir nevadas y ventiscas.


Frankenstein
Este es el monstruo, no es Frankenstein. (Fuente).

miércoles, 20 de enero de 2016

Góngora vs Quevedo, el derby

El siglo XVII es conocido en España como el Siglo de Oro. Desde luego, en literatura, no ha habido en nuestro país un siglo ni siquiera comparable. Oído al parche: Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Calderón de la Barca, Tirso de Molina o Juan Ruiz de Alarcón. Esta constelación de estrellas, este Dream Team de la pluma se concentró en un periodo que abarca, aproximadamente, desde 1580 hasta 1680. La poesía, la narrativa y el teatro alcanzaron su máxima expresión.

Sin embargo, todos estos autores no eran precisamente una pandilla de amiguetes. Las envidias, los éxitos y los fracasos hicieron mella en sus relaciones personales. El caso de Góngora y Quevedo es, sin duda, el mejor ejemplo. A todos nos han contado que se odiaban a muerte, que dedicaban interminables horas a escribir versos y más versos para insultarse y humillarse el uno al otro. Pues, ¿queréis saber un secreto? No fue para tanto.

El narizón contra el cuatro ojos

viernes, 18 de diciembre de 2015

Colorín colorado, este cuento está cambiado

A cada uno le gustan un tipo de historias. De fantasía, de amor, de terror, históricas, de ciencia-ficción, de aventuras. También hay a quien no le gusta ninguna. Y sin embargo, hay una serie de historias que todos conocemos. Nos las han contado, las hemos leído, hemos visto películas, versiones, parodias. De cualquier manera, han llegado a nosotros. Nadie se escapa de los cuentos.

Los cuentos han sido, para muchos, el inicio del gusto por la lectura desde niños. Y sólo por eso ya se merecen un puesto importante en la historia de la literatura. Me refiero, claro, a los cuentos tradicionales, “de hadas”, como se les suele llamar. Son universales. Seguro que cualquiera de vosotros puede nombrar 9 o 10 sin tener que pensar demasiado.

Conocemos la mayoría de esos cuentos gracias a unos pocos autores. Los hermanos Grimm, Charles Perrault y Hans Christian Andersen son los más conocidos. Pero es muy importante aclarar que, especialmente Perrault y los Grimm, no eran escritores de cuentos. Eran recopiladores, es decir, recogían cuentos populares, que se transmitían de boca en boca, y los publicaban en forma de libro. Desde hace años, Disney ha convertido esos cuentos en películas infantiles de gran éxito.

Jacob y Wilhem Grimm. Adorables, ¿verdad? (Fuente)

jueves, 10 de diciembre de 2015

Ser o no ser William Shakespeare

Conoces a Shakespeare. Incluso si crees que no lo conoces, o no has oído nunca su nombre, créeme, lo conoces. Porque aunque nunca hayas oído su nombre, seguro que has oído hablar de Hamlet, de Romeo y Julieta, de Otelo, de Macbeth, de El rey Lear, de El sueño de una noche de verano, de El mercader de Venecia o de La tempestad.

“Sí, me suenan, pero nunca las he leído”. No importa. Aun así, conoces a Shakespeare. Has visto películas que adaptan estas obras (¿recuerdas a Leo DiCaprio haciendo de Romeo?). Algunas, sin tú saberlo (un rey asesinado por su hermano y un heredero que quiere vengarse, ¿te suena? Ahora cambia “Hamlet” por “Simba” y ya lo tienes). Has leído libros cuyas historias están influidas por las de Shakespeare. Has visto las películas que los adaptan. De un modo u otro, Shakespeare ha llegado a tu vida. A la de todos. Así de importante ha sido.

Pero ¿y si te dijera que este portento literario, uno de los pilares de la historia de la literatura, podría no haber escrito todas esas obras? Al menos, eso piensan algunas personas. Permíteme que me explique. La pregunta clave es: ¿fue Shakespeare el autor de las obras de Shakespeare?