Conoces a Shakespeare. Incluso si
crees que no lo conoces, o no has oído nunca su nombre, créeme, lo conoces.
Porque aunque nunca hayas oído su nombre, seguro que has oído hablar de Hamlet, de Romeo y Julieta, de Otelo,
de Macbeth, de El rey Lear, de El sueño de
una noche de verano, de El mercader
de Venecia o de La tempestad.
“Sí, me suenan, pero nunca las he
leído”. No importa. Aun así, conoces a Shakespeare. Has visto películas que
adaptan estas obras (¿recuerdas a Leo DiCaprio haciendo de Romeo?). Algunas,
sin tú saberlo (un rey asesinado por su hermano y un heredero que quiere
vengarse, ¿te suena? Ahora cambia “Hamlet” por “Simba” y ya lo tienes). Has
leído libros cuyas historias están influidas por las de Shakespeare. Has visto
las películas que los adaptan. De un modo u otro, Shakespeare ha llegado a tu
vida. A la de todos. Así de importante ha sido.
Pero ¿y si te dijera que este
portento literario, uno de los pilares de la historia de la literatura, podría
no haber escrito todas esas obras? Al menos, eso piensan algunas personas.
Permíteme que me explique. La pregunta clave es: ¿fue Shakespeare el autor de las obras de Shakespeare?
